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ES LA HORA DEL DUELO (Del Gaucho y el Moreno)

 

Las cosas han llegado a un punto en que ninguno de los dos puede escabullirse. Ayer fueron sindicatos y patrones, aquellos disgustados, estos satisfechos; paradojas de la vida y efectos del radical cambio del radical. Las cartas, por ese lado, están ya sobre la mesa.

Llega la hora de la verdad, del duelo y -Dios lo quiera- del acuerdo o, si no, de que uno de los dos pierda y se vaya definitivamente; mejor, los dos. El Moreno (MR) no puede eludir sentarse frente al Gaucho (ZP) y este no puede permitirse el lujo de no invitar a aquel. Y que ambos zanjen sus cuitas. No es que quiera identificar a cada uno de nuestros líderes con personajes concretos del soberbio poema de José Hernandez, “El Gaucho Martín Fierro”. Cada uno de los dos, como todos nosotros, tiene cosas de uno y del otro, del gaucho y del moreno. Pero igual que a veces traigo música para contar lo que pasa, hoy traigo a José Hernandez. Y es el Gaucho quien invita al moreno al duelo.

Pronto han de sentarse; a ver cómo transcurre el duelo.

Inicio el símil con el verso final del capítulo 29 de “La Vuelta de Martín Fierro”

Tomó Fierro la Guitarra
Pues siempre se halla dispuesto
Y ansí cantaron los dos
En medio de un gran silencio

 
Y salto hacia la mitad del capítulo 30, dónde el Gaucho (ZP) se lamenta por los “años dichosos”, por que lo que es no es ya lo que fue, y se dirige al Moreno de esta manera:

Y aquellos años dichosos
Trataré de recordar;
Veré si puedo olvidar
Tan desgraciada mudanza,
Y quien se tenga confianza
Tiemple, y vamos a cantar.

Tiemple y cantaremos juntos;
Trasnochadas no acobardan.
Los concurrentes aguardan,
Y porque el tiempo no pierdan,
Haremos gemir las cuerdas
Hasta que las velas no ardan.

Y el cantor que se presiente,
Que tenga o no quien lo ampare,
No espere que yo dispare
Aunque su saber sea mucho:
Vamos en el mesmo pucho
A prenderle hasta que aclare.

Y seguiremos si gusta
Hasta que se vaya el día;
Era la costumbre mía
Cantar las noches enteras:
Había entonces, donde quiera,
Cantores de fantasía.

Y si alguno no se atreve
A seguir la caravana,
O si cantando no gana,
Se lo digo sin lisonja:
Haga sonar una esponja
O ponga cuerdas de lana.

Cantad hasta que haya acuerdo, hasta que se vaya el día y llegue el día nuevo.

Los concurrentes aguardan.

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  1. 14 mayo, 2010 en 9:05 PM

    Hay que ver lo prolifico que estás, Jaime, y yo que ceria que escribia mucho.

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