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LAS TRES MARÍAS (1)

“Las tres Marías”. Así se denomina al grupo compuesto por las tres mujeres de tal nombre, María Magdalena, María de Betania y María Salomé que, según los Evangelios, fueron testigos de la resurrección de Jesús. Aunque algunos sostienen que en el grupo que da origen al nombre debía de estar María, la madre de Jesús, en lugar de la Salomé, yo no lo creo. No porque sepa de esto, sino por respeto. No se debe nombrar a la madre de Jesús colectivamente con otras. Merece, por respeto y singularidad, referencia individual.

En homenaje a aquellas damas bíblicas, otros tríos majestuosos han recibido, también colectivamente, el nombre de “Las tres Marías”.

Así, las tres cumbres montañosas de Peñas Santas, en los Picos de Europa, en la zona central de Cornión, entre Asturias y León. La imaginación que tuvo quien así denominó a los tres picos, la perdió cuando, individualmente, los nombró como Torre de las Tres Marías I, II y III. Lástima.

Así, las tres estrellas más brillantes de las siete principales que forman el cinturón de la Constelación de Orión (también llamadas “los tres reyes magos”). En este caso, la fantasía en el nombre colectivo perduró al identificar individualmente a cada una de las estrellas: Alnitak (El Cinto) la más meridional; Alnilam (La Sarta de Perlas), en el centro; Mintaka (El Cinturón) la más septentrional. ¿No son preciosos y enigmáticos nombres? Aunque por la referencia conjunta podría pensarse que están próximas entre sí, diré que Alnitak y Mintaka distan entre ellas unos 1.200 años luz. Casi nada en distancia sideral. Y, de la misma manera que las Tres Marías bíblicas han sido faro de cientos de millones de cristianos, estas brillantes amigas han guiado con su luz la proa de miles de embarcaciones. La guardia pretoriana de la Constelación de Orión se completa con otras cuatro estrellas de sugerentes nombres, como casi todas: Betelgueuse, Bellátrix, Rigel y Saiph.

Algunos científicos sostienen – en la Conjetura de Orión- que la posición de estas tres Marías inspiró la construcción de las Pirámides de Guiza, en Egipto. Para facilitar el tránsito de la muerte a la vida posterior, las tumbas de los faraones eran construidas procurando su orientación a las estrellas, al fin dioses para los egipcios. De Egipto hablaremos más adelante.

Esto que escribo me recuerda mucho a una canción -música, siempre música- con la que se arrullaba  a los niños (yo también se la cantaba a los míos) para dormir o, simplemente, para disfrutar con ellos en tus brazos sin berridos ni pataleos. En muchas ocasiones acabábamos dormidos los dos, el bebé y yo. Así recuerdo la letra:

“A cantar a una niña
Yo le enseñaba
Nombres de las estrellas
Me preguntaba.

Qué noche aquella,
Qué noche aquella
Que le pusimos nombres
A mil estrellas, a mil estrellas.

Luego pasó la noche, llegó la aurora
se fueron las estrellas, quedó ella sola
Y repetía, y repetía
por qué no saldrán estrellas también de día, también de día”

  

Y, finalmente, también se conocen como “Las Tres Marías” a las agrupaciones singulares de tres grandes olas marinas que llegan a continuación de una serie de olas de tamaño ordinario. Suelen ser las más grandes, las más destructoras o las más divertidas, según sea el caso; y son, también, las últimas de un tren de olas. Suelen originarse como consecuencia de las “olas de interferencia”, así llamadas por nacer a consecuencia de otras olas que avanzan en ángulos diferentes.

Es interesante analizar la formación y el desarrollo de las olas. La incidencia de la longitud de onda, el fondo, el viento y su persistencia, el “fetch” (extensión del área afectada por viento de la misma dirección); y la interrelación de todos estos elementos en la capacidad destructiva de las olas. La manera en la que se crean, sin aparente origen conocido, olas gigantes solitarias. La forma en que van creciendo, juntándose unas a otras durante su recorrido, desde su formación en una tormenta lejana hasta llegar a arrasar una costa en calma a miles de millas del origen. Como un efecto mariposa.

El poder destructivo de las olas se incrementa exponencialmente si se encuentran con una corriente marina contraria, que provoca un acortamiento en la longitud de onda y, en consecuencia, una peligrosa elevación de la cresta, que acaba derrumbándose sobre sí misma adquiriendo mucha mayor fuerza y velocidad. Y el efecto multiplicador que tiene la reducción de la profundidad del mar en relación con la longitud de onda o distancia entre crestas.

Todas estas situaciones son habituales. Siempre hay, en todos los mares, fuertes temporales y olas potencialmente destructivas que sólo terminan siéndolo cuando no estamos preparados para recibirlas o cuando hemos subestimado su potencial destructivo.

Pero también hay olas extraordinarias frente a las que nada se puede hacer, sea por su magnitud o por el origen sísmico de su generación, que no permite una adecuada previsión. Es el caso del terrible Tsunami que azotó Indonesia un domingo, 26 de diciembre de 2004. A título de triste anécdota, puesto que hablamos de una catástrofe,contaré que un marino, hermano mío y lector ocasional de este blog me advertía por mail, poco antes del suceso, que “tres olas enormes acaban de pasarme bajo la panza”. Este marino mandaba un enorme petrolero (VLCC) que navegaba a veinte millas al sur de la Gran Nicobar, la mayor de las islas del archipiélago del mismo nombre a la entrada del estrecho de Malaca, prácticamente en el epicentro del seísmo que originó el Tsunami. Las mismas tres enormes olas que pasaron bajo el casco de su barco, mansas en ese momento, eran las que destrozaron la costa de Indonesia pocos minutos después.

Por hoy, pero sólo hasta mañana, os dejo con una de las más bellas canciones que se ha escrito sobre el mar. No la escuchaba desde hace……quizá cuarenta años. Pero hoy, ya que hablo de olas, de mar, la he buscado. Habla del lado dulce, romántico del mar; del silencio de la luna, del clamor de la noche y de la calidez del día; del graznido de la gaviota en la distancia y de los ecos de millones de conchas marinas. Escucha el Océano.

Listen to the Ocean, de Nina & Frederick

 

 

 

There’s a world of sun and sand
Full of sky and far from land
Where evening breezes caress the shore
Like a gentle comforting hand

Fragrant blossoms, honey bees
Careless laughter upon the breeze
And lovers fade into pools of deep
Purple shadows among the trees

Listen to the ocean, echoes of a million seashells
Forever it’s in motion
Moving to a rhythmic and unwritten music
That’s played eternally

The sound of a seagull’s distant cry
His wings like parentheses drawn in the sky
And two white birds clinging like foam
To the crest of a wave rolling by

The silence of noon, the clamour of night
The heat of the day when the fish won’t bite
These are the things that remind me of
The day you sailed out of sight

Listen to the ocean, echoes of a million seashells
Forever it’s in motion
Moving to a rhythmic and unwritten music
That’s played eternally

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  1. CHIKY
    4 febrero, 2011 en 9:48 PM | #1

    Oliñas vienen oliñas van ¡¡

    Ocurre con las olas como con el fuego y las estrellas, uno no se cansa nunca de mirarlas, tienen ese magnetismo que te hace soñar, imaginando los lugares lejanos donde nacen y a los que van a morir, nunca dos olas son iguales.

    Hay unas a las que los marinos llaman “freak waves”, excepcionalmente altas, de 20 ó más metros, se producen en la costa SE de África en condiciones meteorológicas muy particulares, cuando las olas de un temporal del SW, un frente frío, colisionan brutalmente con la corriente de Agujas de dirección SW que alcanza hasta 5 nudos contorneando las costas de Sudáfrica.

    Que se lo pregunten si no al capitán del World Glory, de 30000 toneladas, que en 1968 se encontró con una de estas olas y se partió en dos, no se si salvó el pellejo. Hay bastantes barcos, los grandes son casi más vulnerables porque se “quiebran”, que han sufrido graves daños, o se han hundido, por causa de las enormes olas de las tormentas que se desarrollan en estas costas.

    Estas olas en lugar de tener la forma sinusoidal de las de alta mar presentan una cara frontal casi vertical, precedida de un seno muy profundo, avanzan con una velocidad considerable y son muy peligrosas, excepto para los albatros que planean sobre ellas, sin aletear durante horas y acariciándolas con sus enormes alas como si bailaran un vals.

    Supongo que alguna vez algún windsurfista intrépido intentará cabalgarlas como hacen con las conocidas como “Jaws”, las olas gigantes que rompen en la “north shore” de Hawai y que se forman cuando hay tormentas en Alaska, los atrevidos surfistas tienen que esperar 3 días para recibir el temible “swell”.

    Así que si Vds., tal vez avezados marinos, navegan algún día por esas aguas, cuando vean aproximarse una de estas oliñas den la vuelta sin dudarlo y disfruten con la cabalgada ¡

    Chiky

    Contemplen las olas de Jaws y contengan la respiración ¡¡¡

    y música de Freddy Quinn para soñar: “Nostalgia en Alta mar”

    • 5 febrero, 2011 en 9:25 PM | #2

      Tu si que sabes de olas!!
      Menos “pasar por ojo” (¿o quizá también?), habrás cabalgado todo tipo de olas.
      Lo que comentas de los albatros recuerda a la estrofa de la canción que he colgado, “Listen to the Ocean”:
      And two white birds clinging like foam
      To the crest of a wave rolling by.

      Bonita canción también la de Freddy Quinn, de la misma época.
      Abrazos

  2. CHIKY
    5 febrero, 2011 en 11:03 PM | #3

    pasar por ojo es bastante habitual cuando dás un pantocazo, sobre todo cargado, hundes la proa y te comes la siguiente al no recuperarte, lo que se llama embarcar “green water”, si es muy grande la ola puede producir daños en la estructura de proa, los containeros que van a mucha velocidad llevan un “breakwater” en proa, con forma de lanza.

    Por cierto las canciones que pones muchas veces no se pueden oir, el enlace que puse de freddy quinn tampoco, debe ser por el tema de copyright.

    Que habrá sido de Nina y Frederick, tenían canciones buenisimas ??

    abrazos
    Chiky

    • 6 febrero, 2011 en 7:36 PM | #4

      Según he leido (yo nunca he “pasado por ojo”) no es tan habitual. Es algo más que hundir la proa; mientras la hincas, la ola siguiente te está dando por la popa como a Wenceslao, con el riesgo de volcar en vertical. Seguro que has leido todo o casi todo de Tabarly. Esto es lo que decía. Moitessier temía pasar por ojo; Tabarly decía que quizá fuera posible con el Joshua, pero nunca para el Pen Duick VI:
      Quote
      Esta cuestión de la velocidad es pues, en mi opinión, muy importante. Por esta razón no veo ningún motivo para correr un temporal arrastrando amarras por la popa. Por temor a ir demasiado deprisa hay quien se pone a palo seco, de esta forma el barco no gobierna, y para mantenerlo popa el viento largan cabos y todo lo que encuentran: neumáticos, cadenas, etc. Esto lo pudo comprobar Bernard Moitessier en el Pacífico Sur. La situación se había hecho insostenible para el Joshua, hasta tal punto que, tras muchas dudas, Bernard se decidió a cortar las amarras, y quedó muy satisfecho del resultado.

      ¿Por qué quería reducir tanto su velocidad? Simplemente porque, después de no sé qué lecturas, tenía la obsesión de que iba a pasar por ojo, es decir, volcar pasando la popa por encima de la proa. Lo veía posible de la siguiente manera: sobre una ola, el barco sale planeando lanzado como una bala de cañón y como va más rápido que las olas, clava la proa en la que le precede. Yo no creo que esto pudiera ocurrir. Con un barco como el Pen Duick VI, que planea muy bien –lo que seguramente no ocurría en el caso del Joshua–, y llevado al máximo de sus posibilidades por una tripulación de regatas, jamás hemos alcanzado una ola en las latitudes del Sur. Sin embargo, habíamos hecho planeos francamente espléndidos, con el velocímetro bloqueado a 24 nudos. Fue muy espectacular, pero siempre las olas corrían más que nosotros, ya que estas olas avanzan a mucha velocidad. Gracias a estas olas planeábamos muy rápido, mucho más que en otros mares con el mismo viento y la misma vela. Existe una relación matemática entre la altura de la ola y su velocidad. Gracias a esto, ni en nuestros mayores planeos corrimos el riesgo de pasar por ojo la ola de delante.
      Unquote
      Pero, en fin, doctores tiene la iglesia…
      Con lo de las canciones, a veces sucede (como en la de Freddy Quinn, que una vez que abres el enlace, tienes que pinchar en el mensaje que te pone en la ventana (algo así como que sólo se puede escuchar en youtube). Al pinchar, te lleva a youtube y la puedes escuchar. N&F eran algunos de nuestros ídolos de chavales (la época de la Granja). Recordarás esta: Mango. La otra, inolvidable, Oh Sinner Man.
      Un abrazo captain

  3. CHIKY
    7 febrero, 2011 en 12:30 AM | #5

    Hay gente que opina como tú, otros como yo, los marinos mercantes opinamos lo que decía Bernard Moitessier en su libro “Cabo de Hornos a Vela”. En el mismo, cita el término como clavar la proa en el seno de la siguiente ola pero tambien consideramos “pasar por ojo” como comernos la que nos viene de proa en lugar de remontarla.

    Lo de dar la voltereta afortunadamente no ocurre en los barcos mercantes ni en los pesqueros grandes com pasaba en la tormenta perfecta.

    De todas formas es un terminó que se usa mas en vela que en la marina mercante que nunca lo he oido.

    Bonita canción la de N&F.

    Hoy navegué sin viento…

    abrazos

    • 11 febrero, 2011 en 4:54 PM | #6

      No he leido accidentes de este tipo en veleros. Igual es que los que lo han tenido no han podido contarlo después. La voltereta en vertical, popa sobre proa, tiene que ser bastante jodida.
      Navegar sin viento, en invierno, no deja de ser un placer relajante.
      Abrazos

  1. 4 febrero, 2011 en 12:32 PM | #1

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